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miércoles, febrero 15, 2017

PATRIA DE FERNANDO ARAMBURO


Y aquella tarde de incalculable agua,  todo se rompió para convertirse en llanto.

Venía ya de antes. Otros barros y  estos  lodos, se fueron enfangando más y más en la amistad mantenida en el tiempo, que acunaba las voces de la una y la otra,   hasta   resquebrajarse por completo.

De niñas soñaron con meterse a monjas y siguieron en la religión, vivida de distinta forma, hasta que ocurrió lo irremediable.  Cuando se casaron,   juntas permanecieron y los maridos prolongaron la  amistad, compartiendo cartas, taberna y bicicletas. Las dos  eran distintas en su forma de ser,  sentir  y  pensar. Ellos más parecidos refugiándose  en los silencios y el dejando que las amás tomaran, no sé si en apariencia, las riendas de las familias. Vinieron los hijos  para jugar, ser adolescentes y después cada uno, de una u otra forma,  ir conquistando  su propio rumbo. La vida empuja en sus vaivenes  a decidir, según las circunstancias y  reacciones   que cada persona va dominando,  en el devenir de los acontecimientos que otros,  quieren labrar para ti.

Bittori,  es la  matriarca fuerte que vuelve y se enfrenta a su tragedia, en el pueblo donde sucedió todo. La esposa  clarividente que advierte  a su marido de lo que acontecerá, según  las pistas dejadas por sus enemigos. La mujer a la que su esposo  oculta sucesos importantes, por no hacerla sufrir y porque  sabe como interferiría en sus propias dcisiones. Es la que desea tener el control de toda la familia,  aprobando y desaprobando  a  los novios o compañeras  de sus hijos, pero también, es la madre que sabe cocinar para ellos porque le gusta tenerlos  y sentirlos contentos. Y es en especial  la ama  que   sufre con las reacciones de culpa por parte
del  hijo y con la  ausencia y falta de respuesta por parte de la  hija, cuando  las lágrimas que reprime en público, son tan abundantes, como la lluvia de aquel aciago día, en el cual,  vio cerrar la puerta de su casa por última vez,  al hombre de su vida, sin entender nunca el porqué su único consuelo, ha de ser el seguirle hablando delante de una  tumba.  

Es una mujer valiente, con decisión y dignidad  en los momentos difíciles que le ha tocado vivir. Sabe donde quiere ir y estar y qué es lo que tiene que hacer.

Miren, matriarca y controladora como su amiga de siempre, es quisquillosa, malhumorada, bastante infeliz y en el fondo y sin ella saberlo, insegura e intentando con su mal carácter, tapar su falta de asertividad.  Religiosa en extremo, amiga y seguidora  del cura  Serapio, de los malos consejos, que arenga al pueblo en sus sermones de independentismo, es sin embargo, una ingenua en encontrar la solución a sus problemas en san Ignacio. Se nos muestra una persona fanática, cuando tiene que defender a su  familia,  porque  está llena de miedos de todo tipo. Por ello, es  incapaz de razonar  y de ver lo que está ocurriendo a su alrededor y  cómo le está afectando a sus hijos y marido. Su reacción, es imaginar y creer firmemente  que ella tiene la razón porque se la quita a los otros. Todo es debido a causa de sus grandes complejos: de no ser rica, como su gran amiga, de no tener un marido  capaz de progresar y dejar de ser  un simple peón de fábrica,  de no tener unos hijos con carrera.... Es una mujer frustrada  y por ello toma el camino del grupo, de lo que le dictan otros, para esconderse en una persona sumisa, aunque no sea consciente de ello.  Sí, es verdad que ante todo es madre,  y, como madre que es, está con su hijo,  potencial asesino o ¿no?,   hasta la muerte. 







Cuando llevo leídas ya casi las cuatrocientas páginas de esta novela, este es un poco mi resumen de cómo veo yo a las madres protagonistas de de esta novela que estamos leyendo





3 comentarios:

La seña Carmen dijo...

Como comentario esta nana que me he encontrado esta mañana buscando otra cosa.
https://youtu.be/CzBliSZyXDA

Pedro Ojeda Escudero dijo...

Estas dos mujeres son el centro de la narración: un matriarcado, también en lo emocional. Excelente. Gracias.

María Pilar dijo...

El brazo ejecutor es el de ellos, los hombres, pero los pilares que sostienen el edificio, las que tejen las emociones que urden la trama, las que le ponen, para bien o para mal, la fuerza y el peso para que se sostenga incluso aquello que nos cuesta comprender, son ellas. Qué bien lo has contado.
Besos